Un regalo de la Santísima Virgen de poderosa eficacia


La victoria de Lepanto

En el año 1571, los turcos, después de haberse posesionado del Oriente se habían preparado para la conquista de Occidente.
Algunos reyes y príncipes cristianos, a la cabeza de los cuales Felipe II de España, impulsados por San Pío lograron reunir una flota para defender el Mediterráneo
La de los turcos era muy a la de los cristianos
El comandante supremo, Don Juan de Austria –hermanastro de Felipe II– y los otros capitanes recurrieron entonces a la ayuda del Cielo, preparándose para la lucha con tres días de oración y penitencia, a la vez que prometieron, si alcanzaban la victoria, ir en peregrinación al Santuario de Loreto.
San Pió V ordenó que en aquel 7 de octubre todas las cofradías de Roma celebrasen una procesión del Rosario.
Aquel mismo día, el Sumo Pontífice, ilustrado por una visión celestial, se volvió hacia los asistentes clamando radiante de alegría ¡Victoria!, precisamente a aquella misma hora, en las aguas de Lepanto, el poder turco sufría una flagrante derrota.

Reconquista de Buenos Aires

En la segunda invasión a Buenos Aires los ingleses prohibieron celebrar, con la solemnidad acostumbrada, los cultos del Rosario en el templo de Santo Domingo
Acongojado por ello D. Santiago de Liniers hizo un voto a Nuestra. Sra. ofreciéndole las banderas que tomase al invasor si reconquistaba la ciudad. Firmemente persuadido que lo lograría bajo tan alta y maternal protección, solicitó al prior de los dominicos que las familias rezaran el Santo Rosario pidiendo por la victoria según consta en actas.
Cuando tras duros combates los invasores fueron desalojados de Santo. Domingo (aún se ven marcas de las balas en la torre izquierda) el pueblo entero alzó sus plegarias agradeciendo la victoria a Maria Santísima.-
En el camarín de Nuestra Señora, hoy conocida con el nombre del Santísimo Rosario, de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, se encuentran las banderas tomadas a los ingleses, entre las cuales destaca la del famoso Regimiento 71.

El Santo Rosario (Enrique Menéndez y Pelayo)

El altar de la Virgen se ilumina,
Y ante él de hinojos la devota gente
Su plegaria deshoja lentamente
En la inefable calma vespertina.
Rítmica, mansa, la oración camina
Con la dulce cadencia persistente
Con que deshace el surtidor la fuente,
Con que la brisa la hojarasca inclina.
Tú que esta amable devoción supones
Monótona y cansada y no la rezas
Porque siempre repite iguales sones…
Tu no entiendes de amores y tristezas:
¿ qué pobre se cansó de pedir dones,
Qué enamorado de decir ternezas?

Testimonios

  • Después de acabar mi Rosario me ocuparé de los negocios. (Carlos V)

  • Hijo mío, si quieres poner a vuestro reino al abrigo de todo peligro, rezad el santo Rosario. (Felipe II).

  • Con el rosario y aire libre de campo, resuelvo todos mis problemas y curo mis enfermedades. (Sto Cura de Ars)

  • Dadme un ejercito que rece el rosario y lograré conquistar el mundo. (San Pío X)

  • Rezando el rosario, os entregareis cada vez más a la virtud y crecereis en el fervor persuadidos de que estais en la escuela de la santidad, que es la sublime escuela del rosario. (Juan Pablo II)

  • El Rosario requiere nuestros dedos, nuestros labios, nuestro corazón, en una vasta sinfonía de oración, y por eso es la más grande plegaria que haya compuesto el hombre. (Mons. Fulton Sheen)

  • Cuando el cristiano empuña el Rosario, tiene todo el Credo en su mano. El gran valor del Rosario consiste en que convierte el Credo en oración” (Cardenal. Newman)

  • Una santidad grande resulta sencilla si pertenecemos por completo a Maria…sujetémonos siempre a nuestro rosario igual que la enredadera se adhiere al árbol, porque sin Nuestra Señora no podemos mantenernos firmes. Madre Teresa de Calcuta

El Rosario es...

  • ... contemplar a Cristo con los ojos de Maria

  • ... una escuela de formación individual y familiar

  • ... un camino de oración y de vida

  • ... una búsqueda permanente y un chequeo espiritual para saber si con nuestra forma de vivir, estamos comportándonos acorde a lo que Dios espera de nosotros.

  • ...  una oración de particular eficacia, a la que la Iglesia confía siempre las causas mas difíciles a su recitación y a su práctica constante.