María Auxiliadora, patrona del campo argentino, escucha nuestra oración e intercede por nosotros.

Tú conoces los sinsabores de nuestro trabajo, las penurias que debemos pasar desde que aramos hasta que llega la hora de la cosecha.

Tú sabes que las condiciones climáticas muchas veces son desfavorables y que no siempre las leyes del mercado son justas con nosotros.

Tú comprendes que hay muchas circunstancias que inquietan nuestros corazones y nos hacen olvidar que quien alimenta a los pájaros del cielo y viste las flores silvestres es nuestro Padre Dios que siempre desea nuestro bienestar y dicha.

Enséñanos a confiar en ese Dios amoroso que nos reveló tu Hijo, ese que hace salir el sol gratuitamente cada día y envía la lluvia sobre los campos de justos y pecadores.

Ayúdanos a sentirnos ante Él como niños pequeños en brazos de su Madre cariñosa.

Aparta de nosotros toda superstición y la falsa creencia de pretender controlar a Dios y a la naturaleza con oraciones y fórmulas mágicas.

Que recemos sabiendo que todo depende de Dios; pero que, paralelamente, trabajemos con la constancia y la honradez que corresponde a los Hijos a quienes Dios instituyó dueños y señores de todo lo creado y a quienes confió el cuidado de la obra de sus manos.

Finalmente, dulce Madre nuestra, ayúdanos a descubrir en nuestros hermanos necesitados a tus hijos predilectos y a convertirnos en colaboradores tuyos a favor de quienes invocan tu auxilio.